Celebrando las lenguas originarias de América
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La declaración de 2019 como el "Año internacional de las lenguas indígenas" por la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas inspiró al Grupo de Trabajo CLACSO “Educación e Interculturalidad” para llevar a cabo un proyecto colectivo de recopilación de palabras en lenguas indígenas de América, para contribuir a la visibilización de la magnitud de estas lenguas, sus usos, riqueza y diversidad existente, así como, fundamentalmente, su vitalidad y perdurabilidad pese las históricas y actuales presiones de las lenguas hegemónicas.

En particular esta iniciativa reúne palabras en lenguas indígenas que no cuentan con una traducción literal en un solo término a las lenguas dominantes como el español o portugués. Se trata de vocablos que pueden ser explicados, parafraseados o definidos con circunloquios, pero no pueden traducirse directamente. De este modo, ponemos de manifiesto la riqueza que las lenguas indígenas suponen para la construcción de conocimientos, para la expresión de cosmovisiones e ideas, así como para la construcción de identidades.

La puesta en valor de las lenguas indígenas puede ser un elemento que sensibilice a los Estados en pos de su reconocimiento y, a la vez, permee en las sociedades hegemónicas para trabajar en la recomposición de siglos de negación, maltrato y desconocimiento que en muchos casos lleva a la pérdida de tan invaluable patrimonio de la humanidad.

Celebrando las lenguas originarias de América
Elsie Rockwell
La riqueza y la validez de las lenguas indígenas en el siglo XXI
Rainer Enrique Hamel
Celebrando las lenguas originarias de América

El ser humano siempre se ha preguntado cómo surgieron tantas lenguas, pero aún no hay respuesta. De hecho, sigue el debate sobre cuándo exactamente lograron los primeros seres humanos la capacidad de articular lenguas con la complejidad que tienen todas las que hoy existen en el mundo. Cada pueblo desarrolla distintas palabras para expresar lo que le rodea, combina y transforma el sentido de las palabras, y toma en préstamo palabras de sus vecinos. De ahí ha nacido la gran diversidad de las lenguas que se hablan actualmente en el mundo.

Debido a que los pueblos fueron colonizados y dominados, las lenguas indígenas de nuestra América tienen una historia particular. Los españoles y portugueses que conquistaron y colonizaron la región destruyeron casi todos los documentos que se habían elaborado, pero no pudieron suprimir el uso oral de las lenguas por los pueblos. Los cronistas transcribieron las lenguas con escritura alfabética para rescatar algo de la historia. Durante dos siglos algunos pueblos usaban esta escritura alfabética, tanto en español como en sus lenguas, para diversos fines: conservaban historias y asentaban los linderos de sus territorios, se comunicaban entre sí para organizar rebeliones, elaboraban testamentos y documentos legales para defender sus tierras. En esos documentos y en otros artefactos, como los quipus y los textiles, se encuentran formas prehispánicas de conservar la memoria, como mapas, genealogías, glifos y diseños con significados que sólo recientemente se están logrando interpretar.

A partir del siglo XVIII, los gobiernos tanto coloniales como nacionales impusieron procesos de castellanización y prohibieron el uso de las lenguas de los pueblos en los espacios públicos. Así, el uso de las lenguas se fue reservando a los espacios comunitarios y familiares. Algunas lenguas han resistido y continúan los procesos de transmisión intergeneracional en los que las niñas y los niños aprenden a usar la lengua desde muy pequeños dentro de su entorno familiar. La mayoría de las lenguas que sobreviven (hay excepciones) se encuentran ahora en riesgo, pues las nuevas generaciones suelen adoptar las lenguas nacionales.

Aun así, sorprenden algunos hechos: perviven muchos usos privados y rituales de las lenguas, de uso obligado para ciertas ceremonias. Los movimientos indígenas de finales del siglo XX abrieron un espacio de reconocimiento que animó a muchos hablantes a recuperar el uso de sus lenguas. Los jóvenes han sido fundamentales en este proceso. Algunos aprenden la lengua de sus abuelos o de sus compañeros, incluso cuando su primera lengua fue el español. Hay un resurgimiento de algunas lenguas indígenas entre cantautores, raperos, cantantes de rock y hip hop, entre otros géneros musicales; también hay cada vez más escritores que publican obras en sus lenguas. Incluso los celulares han contribuido a revivir el uso oral y escrito de las lenguas. Surgen también colectivos de maestros y lingüistas bilingües que dan talleres y celebran las lenguas, o que fundan estaciones de radio comunitarias. Si bien estos procesos dan esperanza, no alcanzan para contrarrestar en las comunidades la paulatina pérdida de las lenguas indígenas, dado el racismo arraigado que persiste en nuestros mundos. Muchos consideran a las lenguas indígenas como meros ‘dialectos’, en un sentido peyorativo, y a los hablantes les da pena incluso admitir que las hablan. Pocos maestros bilingües las usan cotidianamente con sus alumnos, e incluso hay padres que insisten en el uso del español, para que sus hijos ya no sufran el estigma de ser considerados indios. La lucha sigue, entre otras cosas para convencer que sí son lenguas, con gramáticas complejas, y con capacidad de expresar relaciones abstractas y sugerentes.

Muchos lingüistas hoy en día consideran que el concepto de “una lengua” de hecho encubre muchas variantes lingüísticas, algunas emparentadas, y otras que pertenecen a familias lejanas. Los procesos de homogeneización son resistidos en todas las lenguas vivas. Es importante reconocer que no existen formas “puras” de ninguna lengua, todas tienen historias de cambio y variación. Las variantes lingüísticas perduran y emergen a pesar de los intentos de estandarizar las lenguas. Cada hablante, por más que haya estudiado, domina sólo una parte de lo que puede ser considerado la totalidad de una lengua, pues la cantidad de palabras y expresiones usadas y creadas a diario no cabrían en ningún diccionario. Cada persona se expresa con una colección de voces de una o más lenguas, aprendidas a lo largo de la vida en diversos contextos.

El habla, la lengua en uso, es la que marca la pauta de su historia y la que garantiza su supervivencia. Es por eso tan importante dar prioridad a procesos de revitalización oral de las lenguas, como han sido los Nidos de Lenguas, programas educativos comunitarios diseñados para recuperar y mantener la transmisión intergeneracional de las lenguas entre abuelos y nietos. No obstante, las experiencias de décadas de educación bilingüe se han centrado en la estandarización de la ortografía y la transmisión escrita, lo cual ha dado pobres resultados. Muchas experiencias de uniformar la ortografía, al centrarse en criterios fonéticos, han llevado a privilegiar variantes que no todos los hablantes reconocen como suyos. Por otra parte, tienden a paralizar la revitalización, al generar sentimientos entre los verdaderos hablantes de que no conocen su propia lengua, por no saber escribirla. Las políticas educativas y culturales deben empezar por privilegiar las formas en que de hecho se hablan las lenguas indígenas en los pueblos en la actualidad, incluyendo préstamos que se van integrado al habla y cambios que se generan día a día. La estandarización ortográfica de cualquier lengua, incluyendo el español y el portugués, ha sido un proceso de siglos, y aún existen variantes. No debe ser el punto de inicio, sino un punto de llegada. Me parece que lo primero es que los hablantes se animen a escribir en su lengua como sea, que intercambien sus textos para conversar sobre las opciones ortográficas y acuerden normas locales. Otra acción importante sería conseguir los medios para publicar textos de modo que también circulen localmente.

La diversidad de lenguas es como la biodiversidad. Si bien ahora existen aproximadamente 7000 lenguas en el mundo, se sabe que las lenguas indígenas se están perdiendo a un ritmo parecido a la flora y fauna que están en proceso de extinción, de tal manera que algunos predicen que en pocos años habrá menos de 1000. Algunos se preguntarán por qué salvar la vida de lenguas en proceso de desaparecer. Basta recordar que hay varios casos en que han logrado revitalizarse, como el catalán, el maorí y el navajo. Sobre todo, hay que considerar que la pérdida de lenguas también significa una pérdida de conocimientos. Cada lengua contiene diferentes formas de pensar, formas de ser y de hacer, de respetar, de vivir, de mirar la vida. Estos conocimientos representan un patrimonio universal colectivo que nos ayuda a todos a pensar maneras creativas de resolver los problemas de la actualidad. Sin embargo, las lenguas son bienes del común, sin más dueños que los hablantes que las sostienen y enriquecen con sus usos. Son los hablantes quienes tendrán la fuerza de mantener y pasar a sus hijos las lenguas vivas.

Por otra parte, todos hemos presenciado la manera en que se han retomado palabras como Pachamama, a veces traducido como la Madre Tierra, con fines políticos, sin que el discurso se sustente en acciones congruentes por un sistema económico que no ha propiciado el respeto debido a la Tierra. Por ello, habría que tener cuidado en el uso que se dé a las palabras de las lenguas indígenas y más bien intentar comprender las ideas que expresan. En ese sentido, la lista de palabras que se ofrecen en este proyecto tiene la intención de mostrar la riqueza de la diversidad de maneras de pensar el mundo, pero no de entregar un vocabulario a ser expropiado y usado en contextos o sentidos que no sean los apropiados.

“Todas ellas son depositarias y portadoras de cultura, conocimiento, valores e identidad. Su pérdida representa un empobrecimiento para la humanidad en su conjunto y para las comunidades a las que se impide transmitir su lengua materna a sus hijos.” (UNESCO). (1)



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(1) https://es.unesco.org/news/presentacion-del-ano-internacional-lenguas-indigenas-2019
Elsie Rockwell
La riqueza y la validez de las lenguas indígenas en el siglo XXI

Cada vez que nos asomamos a algún material en lenguas indígenas nos sorprende la riqueza, la diversidad y también la complejidad de estos idiomas. Ese fue el gran asombro de los cronistas coloniales, de un Alexander von Humboldt alrededor de 1800 o de un Franz Boas, eminente lingüista llegado a los Estados Unidos desde Alemania quien formó una escuela y se puso a estudiar las lenguas indígenas estadounidenses a comienzo del siglo XX. Encontraban formas y recursos radicalmente diferentes a las que usan las lenguas europeas para organizar el tiempo, el espacio, la relación entre personas y la naturaleza. Los viajeros, antropólogos y lingüistas occidentales se sorprendían una y otra vez cuando descubrían que, en sociedades indígenas pequeñas como en el Amazonas, consideradas simples o “primitivas” desde el pensamiento evolutivo occidental, muchas veces operaban lenguas de una enorme diversidad gramatical; es decir, que no había una relación entre la complejidad de una sociedad y la complejidad gramatical de su lengua. Aprendieron, y esto es lo más importante, que las lenguas europeas, su gramática y la cosmovisión expresada en ellas no representaban soluciones universales, válidas para el mundo entero.

Fue sin embargo esta creencia, esa firma convicción de superioridad de los conquistadores europeos –sus armas fueron la espada, la cruz y la lengua–, que llevó a la sumisión, el aniquilamiento y la asimilación forzada de los pueblos indígenas que está en la raíz de la desaparición acelerada de las lenguas indígenas en nuestros tiempos.

En los debates internacionales sobre las lenguas indígenas en riesgo de desaparición, sobre procesos de resistencia y revitalización, surge constantemente la pregunta: ¿Cuáles son las razones precisas, las de fondo y en la superficie, que causan esta dinámica, para poder diseñar estrategias de contención y revertir esos procesos? Juegan un papel unos pocos factores como el tamaño o número de miembros de un pueblo, su nivel económico, su intensidad de contacto y su integración a la sociedad nacional, pero sobre todo su nivel de organización y la vitalidad etnolingüística que lo caracteriza. Uno de los factores más importantes es la asimetría de prestigio y reconocimiento, asociada a las condiciones de pobreza impuestas a los pueblos indígenas desde la Colonia. Las clases y etnias dominantes suelen transformar las diferencias existentes en cualquier sociedad en desigualdades, construidas y declaradas naturales, y estabilizadas por los más diversos mecanismos de discriminación: racismo, clasismo, sexismo… De este modo, las sociedades indígenas son estigmatizadas como incapaces para salir de la pobreza y marginación por su propia fuerza, y sus culturas podrán reflejar grandes riquezas del pasado, pero no sirven para la vida moderna.

Particularmente sobre las lenguas originarias existen creencias equivocadas, pero profundamente arraigadas entre mestizos, blancos e indígenas: que no son lenguas sino dialectos, que no tienen gramática ni escritura y que no sirven para organizarse en la vida actual. Que el bilingüismo, sobre todo a temprana edad, es nocivo, que afecta el desarrollo cognitivo de niños y niñas, lo que se nota cuando mezclan las lenguas. Consecuentemente, se aconseja a los padres, conviene abandonar las lenguas autóctonas en el trato con sus hijos para que aprendan bien el español y tengan éxito en la vida.

Si bien se puede demostrar que estas creencias son falsas de toda falsedad desde un punto de vista científico, no es fácil combatirlas porque la amarga experiencia de tantas familias y comunidades indígenas les pareciera dar la razón. En mi experiencia, de poco sirven las explicaciones abstractas o científicas. Es mejor construir casos concretos que demuestren las alternativas factibles; que una educación basada en las lenguas y culturas indígenas, que las usa realmente como recursos para desarrollar una amplia gama de competencias y conocimientos, puede tener mejores resultados en lo académico y en el fortalecimiento cultural, lingüístico y en la autoestima.

Si uno de los principales factores que impulsa el abandono de las lenguas originarias es su bajo prestigio y el debilitamiento de la identidad y lealtad lingüísticas, entonces tenemos que contrarrestar esta tendencia y hacer un trabajo fortaleciendo las identidades e invirtiendo las escalas de prestigio. Para eso es necesario que las lenguas indígenas recuperen espacios de relevancia y prestigio y que conquisten otros donde antes no estaban presentes. Uno de esos espacios es la escuela, una institución que viene de fuera y fue impuesta, pero que hoy juega un papel central en las comunidades indígenas. Por esta razón, las comunidades pueden apropiarse de esta institución, por lo menos parcialmente, y establecer junto con maestros y maestras indígenas un currículo verdaderamente intercultural y bilingüe, basado en su cultura y su lengua como principal instrumento de enseñanza-aprendizaje.

Las lenguas son una creación humana maravillosa, son muy flexibles y se transforman constantemente. A diferencia de lo que piensa mucha gente, todas las lenguas tienen, en principio, los mismos potenciales y pueden expresar cualquier conocimiento, pensamiento o sentimiento. En cualquier lengua del mundo se puede hacer física cuántica; claro, se tiene que equipar esa lengua con el vocabulario técnico y ciertas estructuras discursivas para que funcione.

Esto lo entendió muy bien un equipo de docentes p’urhepechas en la meseta centro-oeste de México que empezó a elaborar su propio currículo, basado en el programa oficial. Tomó la decisión valiente de enseñar todo el currículo de primaria en lengua indígena a sus alumnos que, gracias a la alta vitalidad etno-lingüística en la zona, llegan prácticamente monolingües en lengua indígena a la escuela. En un trabajo de años equiparon su lengua y crearon alrededor de 1800 neologismos – palabras nuevas – para poder abarcar todas las materias de la educación primaria. Tomaron algunos préstamos del español, en general ya muy establecidos, como los numerales. Y crearon neologismos con conceptos de su propia lengua que constituyen metáforas pedagógicas. Para explicar un concepto central de la biología occidental, la célula, escogieron la expresión “tsipikua sapichu” que quiere decir la “pequeña vida”. Les dieron nombres a los diversos conceptos de las matemáticas y demás disciplinas.

Al mismo tiempo, profundizaron en el estudio de las cosmovisiones y las taxonomías en su propia lengua para llevarlas al aula como contenidos intraculturales. Así, desarrollan una secuencia temática basándose en un sofisticado campo semántico en torno a los conceptos de “tierra” y “territorio” concebidos desde la epistemología propia (trabajo de Ana Elena Erape):

1ª semana: Juchari ich’eri marhoataku (diferentes usos del territorio comunal)
2ª semana: Juchari ich’eri atsikurhikua (los límites territoriales de la comunidad)
3ª semana: Juchari ich’eri koakurhakua (extensión territorial de la comunidad)

Y también activan características morfo-semánticas (estructura de palabras y significado) para facilitar la comprensión de operaciones como las fracciones en las matemáticas occidentales (trabajo de Betzabé Márquez).

Usan los clasificadores de forma ich’akua (largo), ich’ukua (plano), irhakua (redondo) y formas de dividir objetos kuarhatiicha(ni) (para objetos largos), karokatiicha(ni)/ kach’ukuni (para objetos planos) y kapekatiicha (para objetos redondos) para enseñar matemáticas en lengua indígena.

Más allá de sus territorios tradicionales, el éxodo masivo hacia las grandes ciudades ha producido cambios importantes en el repertorio comunicativo de la población indígena migrante, sobre todo entre los jóvenes. Por un lado, se incrementa el desplazamiento y la pérdida de las lenguas originarias. Sin embargo, observamos nuevas tendencias de identificación como indígenas entre muchos migrantes, aun cuando muchos ya no hablen las lenguas ancestrales. En los censos de prácticamente todos los países latinoamericanos sigue descendiendo el porcentaje de población hablante de una lengua indígena. Al mismo tiempo, un sector sorprendentemente grande se identifica como miembros de algún pueblo originario, triplicando a veces el número de hablantes. Y en esta composición comunicativa compleja en las urbes, surgen nuevas expresiones del uso de las lenguas originarias que adquieren un valor de cambio, a veces mayor al de uso funcional, en nuevas formas lúdicas, de música, del rap, donde los jóvenes recuperan parcialmente las lenguas ancestrales. Estas dinámicas llevan a nuevas formas de “transgresiones” lingüísticas que desagregan los conceptos tradicionales de lenguas como entidades cerradas.

Así, Virginia Zavala observó a un grupo de adolescentes quechua-descendientes en Lima en una clase de quechua que organizó su maestro a través de WhatsApp, donde los alumnos juegan con tres lenguas.

Maestro: Yachapakuqkunaaaa!!! (alumnos!!!!)
Imaynallam!!! (¿cómo están?); Kawsakunkichikraqchu? (¿están vivos todavía?)
Imallatapas willarikamuychikyaaaa (digan cualquier cosa, lo que quieran)
A1: Allillanmi yachachiq, (estamos bien maestro); Qampas allillancha!!! (¿usted también está bien?)
A2: I am excited (estoy emocionado)
A1: jajajaja
A3: How are you, teacher? (¿cómo está maestro?)
Tania: Hi! ¿How are you teacher? (hola, ¿cómo está maestro?)
Maestro: ¿Se han vuelto tribilingües o trilingües?

En todos estos contextos se demuestra la riqueza, la funcionalidad comunicativa y educativa, como también el uso lúdico de las lenguas y el juego artístico de transitar entre ellas. Desde estas perspectivas, los ejemplos de palabras y conceptos de esta colección aparecen bajo una nueva luz. Ya no se trata de que solamente admiremos su belleza y quizás su distancia exótica del mundo occidental. Podemos preguntarnos, entre indígenas y no indígenas, qué función podrían ocupar las lenguas originarias, tanto en los espacios y géneros tradicionales, en los territorios institucionales de prestigio como la educación, justicia, administración o salud pública, como también en nuevos contextos artísticos y lúdicos. En todos estos y muchos otros contextos, el uso creativo de las lenguas contribuye al fortalecimiento de identidades tradicionales, a la construcción de nuevas y diversas identidades indígenas modernas; crea prestigio y demuestra la vigencia de las lenguas ancestrales. Y es ahí donde puede y tiene que engancharse el trabajo de preservación, fortalecimiento y revitalización de las lenguas indígenas, tal como lo proponen la UNESCO y muchas otras organizaciones en el Año de las Lenguas Indígenas.

Rainer Enrique Hamel
  Grupo de Trabajo
Educación e Interculturalidad
© CLACSO 2020
www.clacso.org


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